No hay derecho... digo, mientras veo cómo pasa el verano, pasan los días de calor y de atardeceres soleados, y yo desde mi oficina, sin poder siquiera ir al gimnasio.
No hay derecho... pienso, mientras escucho el tic tac sonar en este sucucho y yo sigo encerrada "ordenando" los condoros de otros.
No hay derecho, creo cuando veo que está acercándose la época del colegio y luego empezarán nuevamente los deberes de "amanecida".
No alcanzo a descansar, me siento agotada. Estamos cercanos a los dos meses de "vacaciones" del colegio y aún siento en el cuerpo el cansancio del esfuerzo entregado el año pasado.
Llevar una casa, un trabajo y en fin... una vida sola, es duro.
Las responsabilidades son muchas, y no es que no me guste la pega, sino todo lo contrario, quizás si por mucho ponerle corazón a la misma, es que me agoto y no alcanzo a descargarme.
En fin, de una u otra forma, los días pasan, los meses pasan, los años pasan y el único premio que tengo y que me tira pa'rriba y me anima a seguir tirando la carreta sola, es la sonrisa de mi hijo Pablo, sus ganas de vivir, su alegría y fortaleza, y por sobretodo... esa confianza y apoyo incondicional, que me expresa con su dulce mirada de niño de ocho años, en la que pareciera decirme a gritos "Mamita bonita, linda mamita, te espero, en ti confío tú te la puedes".
1 comentario:
El cansancio es natural, pero el excederse y estresarse es algo que nosotros las mujeres debemos aprender a manejar, pues tenemos una tendencia marcada a llevar el mundo a nuestras espaldas.
Asi y todo se agradece el esfuerzo pues no hay madre que no haya pasado por un cansancio infinito y un estres fulminante... Fuerza Marce, confia que nada se pierde en esta vida uno cosecha lo que siembra aunque parezca que no sirve de nada el hoy, mañana los frutos serán innumerables.
Un beso, bendición...
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