Qué les parece, lo único que me faltaba. Fuera de todo lo nublado que se ve este mundo desde este humilde sillón, ahora más encima me dio urticara.
Y es que si no fuera por la chicoca que me consiguió una hora a su amigo médico, todavía me estaba sacando los pedazos de piel tanto rascarme.
Creo que el cuerpo es sabio y me está pidiendo una pausa. Entonces, arreglaré todos los asuntos que están a medias, que son muchos, me negaré a facilitar mi tiempo a labores ajenas a las mías, que es bastante, y me tomaré unas vacaciones. Me lo merezco.
Lo que se viene para este año demandará muchas neuronas, mucha concentración, mucho tiempo extra...
En fin, de eso me ocuparé cuando llegue...
Por ahora, espero disfrutar de hacer poco y nada, sólo respirar profundo, despertar tarde y descansar.
Aún quedan marcas en mi piel de las horribles manchas y granos de esa cochina urticaria, que por lo demás me costó re-cara, consulta médica $25.000 y medicamentos $15.000. El pinchazo en el poto, fue lo único gratis.
Qué humillante!
Hasta la próxima.
martes, 13 de febrero de 2007
miércoles, 7 de febrero de 2007
No hay derecho!
No hay derecho... digo, mientras veo cómo pasa el verano, pasan los días de calor y de atardeceres soleados, y yo desde mi oficina, sin poder siquiera ir al gimnasio.
No hay derecho... pienso, mientras escucho el tic tac sonar en este sucucho y yo sigo encerrada "ordenando" los condoros de otros.
No hay derecho, creo cuando veo que está acercándose la época del colegio y luego empezarán nuevamente los deberes de "amanecida".
No alcanzo a descansar, me siento agotada. Estamos cercanos a los dos meses de "vacaciones" del colegio y aún siento en el cuerpo el cansancio del esfuerzo entregado el año pasado.
Llevar una casa, un trabajo y en fin... una vida sola, es duro.
Las responsabilidades son muchas, y no es que no me guste la pega, sino todo lo contrario, quizás si por mucho ponerle corazón a la misma, es que me agoto y no alcanzo a descargarme.
En fin, de una u otra forma, los días pasan, los meses pasan, los años pasan y el único premio que tengo y que me tira pa'rriba y me anima a seguir tirando la carreta sola, es la sonrisa de mi hijo Pablo, sus ganas de vivir, su alegría y fortaleza, y por sobretodo... esa confianza y apoyo incondicional, que me expresa con su dulce mirada de niño de ocho años, en la que pareciera decirme a gritos "Mamita bonita, linda mamita, te espero, en ti confío tú te la puedes".
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